martes, 21 de febrero de 2012

Gargajos


Fue un destello, coletazos de un equilibrio sostenible en globos de cristal rojo. Madejas de almas muertas sobornando al tiempo para conseguir sólo cinco minutos más. Principio de incertidumbre allanando las carreteras y acariciando las plumas de los arroaces. Los ornitorrincos caminan ya a dos patas. Las mentes lúcidas y maquiavélicas dibujan con humo la sombra del epitafio eterno. Se burlan. Ríen. Los buitres miran de soslayo la valentía intermitente del que se deja comer por las convenciones y por el poder. Las hienas aguardan babosas la caída de la tarde. Cuando el sol se ponga no habrá mundo para correr. Han apostado que al alba saldrán las viejas glorias de debajo de las piedras para acunarnos con los ecos de otros mundos. La decrepitud nos cubre de pies a cabeza y nos viste de etiqueta. En primera fila, cobijada entre montones de cortinas de polvo y caspa, espera la ignorancia siempre risueña y decorosa. Ha depositado sus posaderas en silla de oro.
Sonríe, tú que puedes.

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