domingo, 7 de marzo de 2010

Estrellas en el agua


La noche vuelve a caer. Mística y etérea como siempre nos explica en una lengua mágica cuáles son los cables por los que fluye incesante la conexión entre el ser humano y la tierra. Una unión sin fronteras y sin un rumbo fijo que nos empuja a ser parte de ella y no dueños. Desde lo más alto del mundo se puede ver como la ciudad adormece mecida por el canto de las sirenas de la luna que saltan a lo lejos. Las estrellas se expanden hasta donde nos alcanza la vista. Nos invitan a comerlas en sueños una a una como si fuesen pipas antes de asaltar con gula la nevera en mitad de la oscuridad. Es una sensación de plenitud que nos ata al mañana de una manera especial. Incluso si cerrase los ojos con fuerza juraría que puedo ver luciérnagas bailando la danza de la lluvia junto a las tapas de las alcantarillas. La semilla de la esperanza resurge con fuerza en noches como ésta. Tal vez cuando las gaviotas picoteen aquí las ventanas se volverán a cruzar nuestras miradas en una simbiosis extraordinaria. Quién sabe, todo puede ser en esta vida. Ahora sólo me falta el mar. Tal vez cerrando los ojos pueda escuchar también toda su pureza a lo lejos y te descubra navegando en una pequeña colchoneta con forma de mosca. Ten cuidado, la resaca me ha hecho ver peces gigantes…

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