
Me gusta cuando caminas, cuando inventas nuevas rutas al salir de los bares. Cada paso tuyo provoca el alineamiento de los planetas en una órbita marcada por tus zapatillas. Llevas serenidad y locura en tus cordones, miras al frente sin alardes ni pavoneos. No te ufanas dibujando círculos en el firmamento con tus brazos. Con sencillez y verdad en cada impulso ejerces de crítico constructivo de baldosas y adoquines. Caminas seguro, atento y cauto de no saltar todos los charcos. Obedeces a la dirección marcada por el viento como los gallos de metal, como los barcos…