Y eso que yo soy más de cristal magenta o azul aterciopelado
pero, he de admitirlo sin bochorno: el rojo te sienta demasiado bien. No te ruborices
si digo que verte es como presenciar la configuración del mundo, una explosión
estelar o una simbiosis de almas ejemplificada al azar. Algo único. Inigualable.
Casi perfecto. De lejos significas lo
mismo que de cerca. Los colores se
adhieren a tu piel como las escamas a los peces de agua dulce. Tienes mirada
tierna y sonrisa que nace de la miel de las flores. Eres luz y nunca sombra. Llenas
cada espacio de tiempo sin esfuerzo y te mimetizas con la tierra enraizando
desde lo más profundo. Eres escudo y lanza al mismo tiempo. Guardián de
historias y almas eternas. Sin embargo, hay algo raro. Sólo cuando te encuentro
de frente la razón se pone impertinente y huye del cuerpo que habita dejando un
alma suspendida. Suspensa. Cobarde. Si mañana no soy capaz de verte a los ojos canta
bajito para que te oigan los perros o lanza monedas al aire. Elige siempre cara.
Eso con suerte.
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