...solías desviar la mirada del lienzo para deslizar tu curiosidad indecorosa por cada centímetro cuadrado de su piel. Sabías que, en cierto modo, ella te permitía hacerlo. Su tez era pálida y con un aspecto tan frágil que invitaba a acariciarla de lejos y para siempre. Sus manos dejaban ver la sangre gélida de la soberana de la Antártida profunda. Sus ojos marinos avivaban la chispa de las guerras entre civilizaciones. Su cabello rojizo alimentaba todos y cada uno de los años que habías estado esperándola en la penumbra.
La soñaste ahí desde que tu voz te martilleó las sienes de forma distinta. La descubriste mujer cuando tus sentidos afloraron con fuerza desde lo más íntimo. La deseaste ferozmente desde que equiparó su belleza a la de una ninfa de los bosques. Ahora yacía allí, esperando que tu excelencia acariciase y diese forma a cada tramo de su cuerpo con un pequeño manojo de pelo de marta. Buscando que tu destreza fuese capaz de mostrar al mundo la feminidad a ojos de un adolescente recio y de voz tortuosa. La gama de colores era limitada....
...luscofusco en un horizonte platino.
...luscofusco en un horizonte platino.
A lo lejos el viento erizaba el cabello de las ranas. Ronronearon los gatos aquella noche. Cuchichearon los gallos por la mañana.
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