Y eso que yo soy más de cristal magenta o azul aterciopelado
pero, he de admitirlo sin bochorno: el rojo te sienta demasiado bien. No te ruborices
si digo que verte es como presenciar la configuración del mundo, una explosión
estelar o una simbiosis de almas ejemplificada al azar. Algo único. Inigualable.
Casi perfecto. De lejos significas lo
mismo que de cerca. Los colores se
adhieren a tu piel como las escamas a los peces de agua dulce. Tienes mirada
tierna y sonrisa que nace de la miel de las flores. Eres luz y nunca sombra. Llenas
cada espacio de tiempo sin esfuerzo y te mimetizas con la tierra enraizando
desde lo más profundo. Eres escudo y lanza al mismo tiempo. Guardián de
historias y almas eternas. Sin embargo, hay algo raro. Sólo cuando te encuentro
de frente la razón se pone impertinente y huye del cuerpo que habita dejando un
alma suspendida. Suspensa. Cobarde. Si mañana no soy capaz de verte a los ojos canta
bajito para que te oigan los perros o lanza monedas al aire. Elige siempre cara.
Eso con suerte.
martes, 8 de mayo de 2012
Gamas
lunes, 5 de marzo de 2012
Fiebre y salitre
Hoy soy, mañana no. Hoy te encuentro entre pantanos, mañana vuelas entre nubes de azúcar. Hoy eres, mañana tratas de mantenenrte a flote entre recuerdos. Hoy te busco, mañana hago que tu cara sea una coincidencia entre luciérnagas y estrellas. Hoy quieres ser pintor, mañana el pincel que esculpe la piel desnuda del lienzo. Hoy quiero que el silencio fluya, mañana que las miradas abandonen una conversación de almas lánguidas. Hoy es el día en que juro que "ahora" no será más que el día que halle el centro de la tierra en tus ojos, allí donde el agua se evapora y cristaliza. Allí donde el silencio juega con las caricias entre paredes de sal muera. Allí donde el sentido del gusto bebe de las lágrimas. Hoy somos carne de cañón. Mañana seremos crisálidas.
martes, 21 de febrero de 2012
Gargajos
Fue un destello, coletazos de un equilibrio
sostenible en globos de cristal rojo. Madejas de almas muertas sobornando al
tiempo para conseguir sólo cinco minutos más. Principio de incertidumbre
allanando las carreteras y acariciando las plumas de los arroaces. Los ornitorrincos
caminan ya a dos patas. Las mentes lúcidas y maquiavélicas dibujan con humo la sombra del epitafio
eterno. Se burlan. Ríen. Los buitres miran de soslayo la valentía intermitente del que se deja
comer por las convenciones y por el poder. Las hienas aguardan babosas la caída de la tarde. Cuando
el sol se ponga no habrá mundo para correr. Han apostado que al alba saldrán
las viejas glorias de debajo de las piedras para acunarnos con los ecos de
otros mundos. La decrepitud nos cubre de pies a cabeza y nos viste de etiqueta.
En primera fila, cobijada entre montones de cortinas de polvo y caspa, espera la ignorancia siempre risueña y decorosa. Ha depositado sus posaderas en silla de oro.
Sonríe, tú que puedes.
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Ríete de la realidad...
jueves, 2 de febrero de 2012
Common sense
Quizá lo más apropiado a estas alturas sea una explosión estelar para la redención del mundo. Empezar de cero. Que vuelvan los dinosaurios y los peces de tres ojos. Que regresen las cuevas y los tridentes. Los rayos, los truenos y las centellas. Que haya cinco dioses en el Olimpo, uno por cada continente, y que el dios del Hielo mande.
La receta de la humanidad está escrita en la Piedra Rosetta.
Vamos a comprar petardos
La receta de la humanidad está escrita en la Piedra Rosetta.
Vamos a comprar petardos
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Hoy toca hablar de...
jueves, 26 de enero de 2012
Cuando un "te quiero" vuelva a significar "te quiero"
Hoy, apenas sin querer, di cobijo en mis pupilas a un texto aparentemente mágico. Si,
ya sé. Un fallo fatal, un descuido imperdonable, un latigazo con fuste de acero
que rompió mis esquemas.
La realidad era oronda y yo, terca, rechazaba lo inevitable.
Quería verlo, tocarlo y, a la vez, anhelaba
desplazarme en volandas a un mundo de ficción y desterrar aquello del rabillo
de mi ojo. Renegaba de las palabras porque solamente eran capaces de responder
en mi idioma a preguntas universales. Eso era mediocre, nefasto. Siempre había
pensado que aún quedaban por descubrir términos maravillosos capaces de definir
la perfección del Universo. Hasta ahora siempre había hecho arder vocablos en
las llamas de quién sabe qué para que estallasen en el aire sus impulsos vacíos
como fuegos de colores. Nos habíamos convertido en muñecos de cuerda siempre
con la misma cantaleta. Cada letra daba forma
a nomenclaturas e historias huecas, sin fondo ni forma, infieles a uno mismo. Infieles
mí misma.
Doné a la ciencia mi
cerebro y mi alma para que me enseñasen de nuevo a hablar y a pensar como los
centauros. Elaboré un plan para permanecer impasible, para que la fuente donde
brotan mi mundo y mis ideas se secase. Acordé con mi universo de significados
que antes totalmente loca, que completamente
cuerda. Me las ideé para recoger la fruta madura y guardarla para el
invierno de las emociones. Mejor algo que nada. Con vehemencia increpé al
viento por hacerme ver la vida distinta. Quizá sería más fácil dejarme llevar
por las palabras. Alzar el vuelo. Sucumbir.
Con furia dirigí mis odios al sol para que Helios se
consumiese lentamente. Nada de esto sirvió de nada porque dicen los
fantasmas que las palabras se las lleva el viento
Mi ira se apartó burlona para que no perdiese de vista cada
una de las líneas.
Era una carta a corazón abierto
…vacía de latidos
…hueca de significados
Autómata
Quién escribía, sin duda, miraba hacia otra parte
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Ríete de la realidad...
martes, 24 de enero de 2012
Miedos
Dicen que el miedo es una reacción de nuestra mente ante lo
desconocido, ante todo aquello que dormita tras esa barrera que cualquier pastor
abre el 7 de julio y que avanza hacia nosotros imperturbable, indestructible,
imparable. El miedo pasa a ser entonces una personalización del mal que se
desgañita por arrebatarnos todo tipo de armas arrojadizas y escudos de latón. Nos
desnuda ante un sentimiento ilógico y
cruel. A veces nos bloquea, otras nos hace reír sin control, en ocasiones
incluso nos avoca a actos suicidas tomando las decisiones más ridículas.
El miedo se convierte con el tiempo en un arma de doble filo:
nos empuja al avance, al cambio si pero, al mismo tiempo, nos condiciona y nos
pone sobre la mesa sólo un número limitado de cartas. Decisiones viciadas de
origen, pervertidas desde un principio.
Hay quien dice que existen varios tipos de miedos: el miedo
a la muerte, el miedo al amor (¡pánico!) , el miedo al dolor, el miedo al
compromiso… Yo, sin embargo, creo que todo se reduce al único sentimiento capaz
de provocar verdaderos desastres en nuestra propia conducta: el miedo al propio
miedo.
El temor nos opaca, nos limita y nos hace ver un universo
parcial, una cara que habitualmente es lenta y adversa. Comenzamos entonces a
huir, a evitar, a escapar de todo aquello que implica un riesgo o la
posibilidad remota del sufrimiento. La comodidad y la rutina se adueñan de
nuestra vida. A partir de entonces todo aquello cuanto se sale de la norma es ONI
(Objeto No Identificado) y, por lo tanto, es necesario esquivarlo y buscar un
lugar diáfano…
¿No?
Pues no
El destino, en esencia, es terreno virgen. No sabemos dónde
puede haber una mina, un pozo o una trampa para osos. Ignoramos dónde están los
aviones defectuosos, los trenes con un cable suelto o los autobuses que pierden
combustible. Desconocemos quiénes harán que reneguemos del amor o de la amistad,
qué trabajo terminará de hundirnos o bajo qué luna un doctor nos dirá que
estamos desahuciados.
¡Nadie dijo que vivir fuese fácil!
Todo es factible de darnos miedo. Absolutamente todo.
Una vez llegados a
este punto será tarea de titanes no seguir el camino de baldosas amarillas
pero, machete en mano, habrá que ir abriendo sendas.
Todavía confío en la voluntad del hombre libre
…incluso de sus propias turbaciones
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miércoles, 4 de enero de 2012
Deja que te cuente
Llegaste sin avisar como en tus mejores tiempos. Dejaste el
abrigo en el colgador de la entrada y jugaste a los detectives en busca del
último trozo de chocolate que reposaba en la encimera. A tu alrededor sólo el
silencio hacía de coro al trinar de los pájaros. Notas graves y agudas que
dejaban patente tu inestable estado anímico. Arriba y abajo. Derecha, izquierda…
El sol se coló por la
ventana.
Recordaste entonces
que habías olvidado las llaves en el bolsillo y lo removiste curioso como buscando
algo más. Algún grano de arena quizá. Algún recuerdo de aquella piel que había
dejado su esencia en aquel jersey de lana tejido a mano color verde agua. Un verde
diferente a aquel que recordabas a diario y que, cual disco rayado, comenzaba a
difuminarse en tu memoria como los primeros trazos en el papel de un niño de
teta.
Cruzaste el recibidor con la delicadeza y la candidez de una
bailarina en pleno acto y abriste la puerta del cuarto con el suficiente
cuidado como para dejar al cobijo de la
luz el color de su pelo. Ese negro azulado que siempre te había causado
curiosidad. Su hubieses sido mujer casi con total seguridad lo hubieras elegido
también, igual que ella. Al fin y al cabo eso es lo que habías sido siempre. Una
réplica exacta de la mujer que te había dado la vida.
Con sumo cuidado depositaste en su frente un último beso y
saliste de la casa dejando estrellas de mar en cada huella para que pudiese
lanzarlas al cielo en cada onomástica. Enterraste las llaves bajo el rosal... como en
tus mejores tiempos. Las rosas ya tenían un color diferente al de la última
vez. Olía a jazmines. La mañana tenía la serenidad de la flor de naranjo…
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El tipo que no sabía pintar una rosa
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