miércoles, 20 de junio de 2012

Esferas celestes y años luz


Abrió los ojos cuando aún asomaba la luz de la luna a través de las rendijas de las persianas. Su boca podría ser, a aquellas horas, un ejemplo claro de locura y desenfreno. Hundió su cabeza en la cuenca que formaban sus brazos bajo la almohada buscando la parte más profunda de la geosfera física. Tal vez también la humana.
Como un pequeño que lucha contra la afrenta paterna se removió entre las sábanas para evitar darse de bruces contra una realidad que se presumía, al menos en parte, bastante funesta.

La madrugada adolecía de frescura y hambre. El alba amenazaba, siempre impertinente e indiscreto, con poner al descubierto lo que una noche de lumbre, agua de flores y claras de huevo había unido. Por fin, haciendo acopio de una bravura a la vez cobarde, decidió poner fin a una noche de fantasmas. Al atravesar el fulgor la vio dormida a su lado, boca abajo, como dispuesta en una alineación cósmica entre planetas, estrellas y médulas óseas. Como una  metástasis de pólvora, fuegos de artificio y terminaciones nerviosas.

  Las telas que cubrían su cuerpo hicieron un flaco favor a su imaginación. Ciertamente, era bella. Tenía delicadeza y exquisitez en sus formas. Poseía candidez en su respirar y desprendía una ternura extrema en su manera de ocultar parcialmente el rostro con la mano. Era como si deliberadamente decidiese dejar claro su pudor al cosmos aún estando dormida.

Optó por no despertarla y que en su nombre hablasen los despertadores de ciudad y las bocinas de los coches. Así, junto a ella, aprovechándose de aquel cómputo de casualidades y veleidades nocturnas, decidió contemplarla durante horas hasta que la presión ejercida rompiese aquella pompa de jabón en la que se había convertido aquel cuarto de ambiente enrarecido. Áspero. Tosco...

lunes, 11 de junio de 2012

Sinapsis fallida

...solías desviar la mirada del lienzo para deslizar tu curiosidad indecorosa por cada centímetro cuadrado de su piel. Sabías que, en cierto modo, ella te permitía hacerlo. Su tez era pálida y con un aspecto tan frágil que invitaba a acariciarla de lejos y para siempre. Sus manos dejaban ver la sangre gélida de la soberana de la Antártida profunda. Sus ojos marinos avivaban la chispa de las guerras entre civilizaciones. Su cabello rojizo alimentaba todos y cada uno de los años que habías estado esperándola en la penumbra.

La soñaste ahí desde que tu voz te martilleó las sienes de forma distinta. La descubriste mujer cuando tus sentidos afloraron con fuerza desde lo más íntimo. La deseaste ferozmente desde que equiparó su belleza a la de una ninfa de los bosques. Ahora yacía allí, esperando que tu excelencia acariciase y diese forma a cada tramo de su cuerpo con un pequeño manojo de pelo de marta. Buscando que tu destreza fuese capaz de mostrar al mundo la feminidad a ojos de un adolescente recio y de voz tortuosa. La gama de colores era limitada....

...luscofusco en un horizonte platino.

A lo lejos el viento erizaba el cabello de las ranas. Ronronearon los gatos aquella noche. Cuchichearon los gallos por la mañana.

lunes, 28 de mayo de 2012

Hay momentos...


Hay instantes que marcan. Baches en el paso del tiempo que se graban en nuestra retina para siempre y, bueno, ni que decir tiene que pueden llegar a cambiarnos la vida sin apenas darnos cuenta.

 Era invierno, lo recuerdo perfectamente. Apenas habíamos compartido una par de miradas después de conocernos, hacía bien poco. Si trato de hacer memoria creo que ni siquiera hubo presentación formal.  Nuestras palabras, sencillamente, se cruzaron un día. Cuatro, a lo sumo cinco verbos. A decir verdad, para mí ocupabas un escaque bastante alejado. Si tengo que ser sincera cien por cien, me resultabas lejano e inaccesible; podría llegar a decirte que incluso frío. Es increíble sentir como un envés se convierte en haz en la vuelta de una mano. En un abrir y cerrar de ojos. Aquello fue un batir de alas con un sentido y una profundidad inmensa. Un momento de lucidez en medio de una nebulosa fabricada con el humo de cientos de  cigarrillos. Ahora caigo.  Todavía no había entrado en vigor la Ley Antitabaco.

Cortés me ofreciste tu mano para caminar entre la gente; yo la tomé confiada pensando que tu impulso me ayudaría a no caer entre aquella maraña de pies desnortados por el alcohol. Me sujeté a ti con fuerza, crucé el muro de miradas y me descubrí sorprendida, sin más, por tus ojos azul cielo. Sentí una corriente que cruzaba de tu cuerpo al mío gracias a las yemas de nuestros dedos y, aún así, sin poder ocultar mi pudor solté tu mano temiendo que aquello fuese sólo fruto del apuro de aquel encuentro. Y seguramente así era. Me dejaste ir sin perder aquella tímida sonrisa y sin saber que, desde aquel instante fuiste, eres y sigues siendo. Dejémoslo ahí porque hay cosas que no tienen caso, ni pies, ni cabeza. Sólo me queda pensar y conformarme con que fue un segundo, un instante, un momento. Un quizá.
¿Una certeza?
Un recuerdo

domingo, 13 de mayo de 2012

Aves de invierno


Habían sido un otoño y un invierno de pocas lluvias. Los lugareños contaban henchidos que no recordaban otro igual. “Años ha- decían-  tal vez alguno parecido, pero ninguno como éste”. 
La sequía se rompió precisamente a una semana de terminar el año. Fueron siete días y siete noches de lluvias torrenciales. Semejaba que se iba a terminar el mundo.

 Tardaron tres días en dar con ella.

Las bajas temperaturas del mes de diciembre habían provocado que el embalse de Ciegos se helase parcialmente dejando a la vista vastas capas de escarcha que ni siquiera soportaban el peso de las pequeñas aves de invierno. Los colirrojos picoteaban las frías placas de agua ansiosos por devorar los incautos insectos solidificados por los termómetros bajo cero. A lo lejos, desde las colinas, las moscas verdes brillaban como aljófares aún por descubrir.

Ella estaba boca abajo con la espalda pegada a la capa de cristal difuso. El relente había teñido de azul una piel antes blanca como la nieve de las cumbres. Sus labios, antes rosáceos, ahora eran negros como la noche. Del agua apenas emergía una pequeña parte de su cabello cobrizo. La piel de sus dedos, arrugada y mustia, comenzaba a desprenderse. Los caracoles de su pelo se habían difuminado con el vaivén de las corrientes y parecían ahora lánguidas tiras de hilo fino. 

Localizaron su cadena a pocos metros. Era una diminuta efigie de la Virgen tallada en oro blanco con los bordes dorados. Detrás, junto a su nombre y su fecha de nacimento, rezaba la siguiente frase: “Que la fe guíe siempre tus pasos”. Casualidades.


 Aquel 29 de diciembre Meli, de Amelia, cumpliría veintiséis años.
Aunque eso lo supe después...

miércoles, 9 de mayo de 2012

Una vida de circo


Nació como domador de letras dentro de un contenedor de emociones en papel plastificado.  A diestro y siniestro regalaba ramos de flores secas y caramelos de cereza. Observé que en sus ratos libres se dedicaba a escribir el libro de la sílaba tónica en clave de sol con aires de esdrújula. Con él pretendía renombrar a las auroras boreales de la A  la Z. Lo llamó  El libro de los sueños. A las en punto garabateaba sus páginas sin vergüenza, sin el rubor de dejar al descubierto cientos de palabras sin decir, mirando a los ojos y mostrando su lengua.

Fue así como un día no despertó. Fue así y no de otra manera. De él aprendí a dar los buenos días al sol sin reservas mientras inventaba un sitio entre sus lamentos, entre sus risas, entre sus leyendas.

martes, 8 de mayo de 2012

Gamas


Y eso que yo soy más de cristal magenta o azul aterciopelado pero, he de admitirlo sin bochorno: el rojo te sienta demasiado bien. No te ruborices si digo que verte es como presenciar la configuración del mundo, una explosión estelar o una simbiosis de almas ejemplificada al azar. Algo único. Inigualable.  Casi perfecto. De lejos significas lo mismo que de cerca.  Los colores se adhieren a tu piel como las escamas a los peces de agua dulce. Tienes mirada tierna y sonrisa que nace de la miel de las flores. Eres luz y nunca sombra. Llenas cada espacio de tiempo sin esfuerzo y te mimetizas con la tierra enraizando desde lo más profundo. Eres escudo y lanza al mismo tiempo. Guardián de historias y almas eternas. Sin embargo, hay algo raro. Sólo cuando te encuentro de frente la razón se pone impertinente y huye del cuerpo que habita dejando un alma suspendida. Suspensa. Cobarde. Si mañana no soy capaz de verte a los ojos canta bajito para que te oigan los perros o lanza monedas al aire. Elige siempre cara. Eso con suerte.

lunes, 5 de marzo de 2012

Fiebre y salitre

Hoy soy, mañana no. Hoy te encuentro entre pantanos, mañana vuelas entre nubes de azúcar. Hoy eres, mañana tratas de mantenenrte a flote entre recuerdos. Hoy te busco, mañana hago que tu cara sea una coincidencia entre luciérnagas y estrellas. Hoy quieres ser pintor, mañana el pincel que esculpe la piel desnuda del lienzo. Hoy quiero que el silencio fluya, mañana que las miradas abandonen una conversación de almas lánguidas. Hoy es el día en que juro que "ahora" no será más que el día que halle el centro de la tierra en tus ojos, allí donde el agua se evapora y cristaliza. Allí donde el silencio juega con las caricias entre paredes de sal muera. Allí donde el sentido del gusto bebe de las lágrimas. Hoy somos carne de cañón. Mañana seremos crisálidas.