“¡Ya han regresado las rosas blancas a los campos!”.
Qué más quisiera.
Qué más quisiera yo, mi pequeña luciérnaga, mi
tierno haz de luz,
que enjugar tus
lágrimas y hacer con ellas mil colmenas
de arena blanca y finas conchas color canela.
Rodearte. Cubrirte de plumas. Sostenerte en el
aire
como un globo que huye
y vuelve. Impulsarte.
Regalarte mis alas sin cadenas.
Qué más quisiera yo que
pintar tus ojos tristes con mis besos
y dejar mensajes de aliento en la humedad de los cristales
todas y cada una de nuestras mañanas,
todos y cada uno de tus inviernos.
Qué más quisiera yo que dibujarte de nuevo la piel con aceite de almendras dulces,
sin hendiduras ni silencios.
Y en voz baja llamarte por
ese nombre sin memoria en el que nunca existimos,
donde nunca "tú y yo" existieron
donde nunca "tú y yo" existieron
en el que no tienen cabida ni mis cicatrices.
ni mis deseos.
Qué más quisiera.
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