miércoles, 26 de diciembre de 2012

Querido enemigo


Lo conseguiste.

  Me he cruzado contigo. Ahora me veo en la obligación de buscarte allí donde antes me dabas igual para quitarte importancia y restarme motivos. Rápido. Corre.  Necesito una caja donde guardarte. Una parcela inerme. Una razón lógica para matarte o dejarte ir.
No. Lo mejor será enterrarte vivo.

Necesito  de ese algo que te haga nacer y también morir pasto de las mismísimas llamas del olvido. Porque me eres demasiado extraño y demasiado obvias son estas pupilas que se niegan a leer todo cuanto escribo. Me has robado el alma, la voluntad, la calma. Los latidos. Porque ahora sólo pido ser ese horizonte al que miras extasiado y ese sol magenta que despierta en tu mente equinoccios y solsticios.
El filo de tu boca. La comisura de tus sentidos.
Ahora, querido enemigo, sólo deseo ser esa noche entre mil sábanas, espalda contra torso, bajo un manto de caricias y delirios. Esa marea alta que ahoga la luna en tu pecho. Quiero ser tu musa.

Felicidades. Quiero ser tu gato de ojos amarillos.

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