Lo conseguiste.
Me he cruzado contigo. Ahora me veo en la
obligación de buscarte allí donde antes me dabas igual para quitarte importancia
y restarme motivos. Rápido. Corre. Necesito
una caja donde guardarte. Una parcela inerme. Una razón lógica para matarte o dejarte ir.
No. Lo mejor será
enterrarte vivo.
Necesito de ese algo
que te haga nacer y también morir pasto de las mismísimas llamas del
olvido. Porque me eres demasiado extraño y demasiado obvias son estas pupilas que
se niegan a leer todo cuanto escribo. Me has robado el alma, la voluntad, la calma. Los
latidos. Porque ahora sólo pido ser ese horizonte al que miras extasiado y ese
sol magenta que despierta en tu mente equinoccios y solsticios.
El filo de tu boca. La comisura de tus sentidos.
Ahora, querido enemigo, sólo deseo ser esa noche entre mil sábanas, espalda contra torso, bajo un manto de caricias y delirios. Esa marea alta que ahoga la luna en tu pecho. Quiero ser tu musa.
El filo de tu boca. La comisura de tus sentidos.
Ahora, querido enemigo, sólo deseo ser esa noche entre mil sábanas, espalda contra torso, bajo un manto de caricias y delirios. Esa marea alta que ahoga la luna en tu pecho. Quiero ser tu musa.
Felicidades. Quiero ser tu gato de ojos
amarillos.

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