martes, 29 de enero de 2013

?


La nuestra fue una historia tan secreta que se nos acostumbraron los ojos a ver a oscuras. 

Aprendimos como nadie a dibujarnos con las manos y a pintarnos de memoria.  Nos mirábamos a ciegas. Cada caricia era un trazo en el lienzo de cientos de noches a escondidas. Cada beso, la pregunta trampa sobre el lenguaje universal de los deseos y las penas.  Nuestras palabras eran colillas lanzadas a tientas rodando a sus anchas por el colchón y éste, deshilachado y roto, aguantaba el chaparrón de alientos y susurros en contacto directo con la tierra. 

Tú eras la princesa y yo el gato sin pellejo. Temí que para ti fuese un problema eso de dormir en mi destierro, en aquella intemperie de bombillas mohosas carente de sábanas. Tú te limitaste sonreír y saliste a comprar un reloj y unas cuantas velas. Aquella mugre no te importó demasiado porque la nuestra nunca fue una de esas bonitas historias que nacen para ser contadas. Al fin y al cabo, ¿qué más dan el somier y las sábanas cuando dos cuerpos reconocen que se aman?

Dime, a ti y a mí, ¿qué más nos daba si únicamente fuimos la huella de cada noche en la rompiente de la mañana? 

No hay comentarios:

Publicar un comentario