Escucha. Ya está. No pasa nada. No le busques más
explicaciones. Nos hemos convertido en miel y arena.
No sé, es extraño. Ya no busco tu cuerpo al umbral del
sueño. No te echo de menos a mi lado y hoy sólo veo un hueco vacío donde antes dolía tu
ausencia.
Ya no te observo narcotizada durante mis vigilias. Divago más y,
¿sabes?, también he empezado a contar ovejas. Soy una insomne trashumante, traspapelada
y también lisiada aunque un poco más cuerda. Y sé que a ti te pasa igual así
que no te apenes.
Ya está. No hay más. Asumámoslo y salgamos a tomar el aire
porque no hay culpables. El amor se nos quedó obsoleto. No tienes que darle más
vueltas.
Ya sólo somos dos almas sin ritmo, descuadradas y
descompuestas. Incompatibles. Dos cámaras acorazadas a la deriva en un mar de histerias. Es lo que tiene ser del mismo signo, ¿verdad? Lo que
tú buscabas nunca lo tuve conmigo y tú nunca fuiste mi centro de la tierra.
Mira, ven, ¿lo notas?
Me duele tu abrazo. Fíjate, ¿ves? Es
como si ya no supiésemos besarnos. No
nos acompaña la lengua. Porque hablamos bajito y a destiempo y luego vamos recogiendo
las palabras del suelo, como víctimas de guerra. Ya no encuentro tu cintura y mis
manos no te recuerdan.Con cada caricia ya sólo sabemos arrancarnos la piel. Desde los balcones
que daban a nuestros sueños nadie nos observa.
No hay más. Matemos
esto aquí, hoy mismo.
Aquí se queda. Vamos a fumarnos un cigarro.
Parece que corre algo de brisa fuera.

No hay comentarios:
Publicar un comentario